martes, 20 de diciembre de 2011

Aire de ciudad.

Los pasajeros vagan por las calles sin desayunar,
muchos miran la ventanilla,
otros miran su reloj vacío, sin tiempo.


Los conductores desvelados van,
la luz roja es su límite,
ellos quieren avanzar.
En el autobús alumbra una lamparilla,
su luz se difumina,
así, sin llegar al pasajero del rincón.
En el autobús la luz es amarilla,
se desvanece en los rostros cansados,
rostros ambulantes.

Los pasajeros hablan solos en el trayecto,
hablan en silencio,
están inconscientes,
nada como el silencio de la mente.
Nadie deja de pensar,
las nubes son diálogos incompletos,
el sol es el karma,
las luces son mi alarma
y el claxon mi despertador.

miércoles, 29 de junio de 2011

Pasajeros de ciudad. Capítulo 1.

Ella sale de casa con sus manos en los bolsillos de sus viejos jeans. La lluvia no le impide salir, al contrario; la impulsa aún más a continuar su viaje por las calles pavimentadas.
Gota tras gota y al poco tiempo ella ya estaba empapada.
Siete pasos más y al levantar la vista se encontró a una persona sentada en la banqueta.
Ella no mostró interés (aunque por dentro se llenaba de curiosidad). Cuando ella estaba a punto de dejarlo atrás con sus pasos...

-¿Te ha pasado? -Preguntó él.
-¿Disculpa? -Respondió.
-La vida. Las pérdidas. ¿Te ha pasado? Lo pregunto porque una chica normal no sale a caminar sola por las calles cuando llueve.
-¿Te encuentras bien? -Dijo ella evadiendo su comentario.
-¿Tienes tiempo? -Preguntó por caballerosidad.
-Seguro. -Afirmó.

Y así caminaron hasta el departamento de ella. Un silencio abundante confirmó la necesidad que ambos sentían por hablar.
El cielo ya anunciaba el anochecer con sus estrellas y su luna. Esta vez era diferente, las nubes no se mostraban tan egoístas como las noches anteriores. El cielo estaba despejado y la frescura del aire enchinaba la piel de aquellas víctimas del destino.

Ella lo invita a pasar sin pensar en lo desconocido que es para ella. Era una visita agradable después de todo.

-Toma asiento y espera aquí mientras voy por unos cuántos cobertores y un par de tazas de café. ¿O prefieres té? -Preguntó ella.
-Café está bien. No quiero causarte muchas molestias. -Replicó.


[...] Continuará.