martes, 20 de diciembre de 2011

Aire de ciudad.

Los pasajeros vagan por las calles sin desayunar,
muchos miran la ventanilla,
otros miran su reloj vacío, sin tiempo.


Los conductores desvelados van,
la luz roja es su límite,
ellos quieren avanzar.
En el autobús alumbra una lamparilla,
su luz se difumina,
así, sin llegar al pasajero del rincón.
En el autobús la luz es amarilla,
se desvanece en los rostros cansados,
rostros ambulantes.

Los pasajeros hablan solos en el trayecto,
hablan en silencio,
están inconscientes,
nada como el silencio de la mente.
Nadie deja de pensar,
las nubes son diálogos incompletos,
el sol es el karma,
las luces son mi alarma
y el claxon mi despertador.

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